• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Por Sandra López Cantero

La verdad es que hay temas que me llaman la atención, otros que me sorprenden por la incapacidad que tienen nuestros dirigentes para gestionarlos, otros que me producen tristeza pero que prefiero callar porque son situaciones internas de mi propio partido, pero luego hay temas que, aunque no despiertan mucho interés, a mí me enervan la sangre, sobre todo cuando hacen referencia a la incapacidad de las personas para percibir o empatizar con los problemas de los demás y con alterques que afectan a la integridad humana. La falta de sensibilidad conlleva a que ante una determinada cuestión prefieran irse por la tangente. El problema viene cuando estas personas son cargos públicos. 

La respuesta de Juan Bravo, diputado de Ceuta en el Congreso acerca de la oficina de asilo me recordó a la medida que se tomó en un instituto cuando yo trabajaba en él.

Resulta que en la hora del recreo el alumnado se escapaba del centro porque se subía a un árbol que estaba justamente pegado en el muro que daba a la calle. Para evitar que no se escaparan estos estudiantes, en vez de buscar fórmulas para la motivación o para aumentar la vigilancia del profesorado en la hora del recreo o en los intercambios de las clases, se prefirió cortar el árbol. Por tanto, nos quedamos sin el único árbol y además continuaron las escapadas porque los estudiantes buscaron otros resquicios  para no  permanecer en el instituto. 

Para situarnos en el contexto.

Juan Bravo no se ha cortado ni un pelo en decir que la oficina de asilo de la frontera de Ceuta no sirve para nada porque no hay solicitudes. Y digo yo, ¿se ha planteado el motivo por el que no hay solicitudes? 

Partiendo de la entrada de que todas las personas que tengan derecho a pedir asilo o protección subsidiaria pueden hacerlo, con lo cual lo del sentido cae por su propio peso, primero es necesario que la Unión Europea y sus estados miembros garanticen que estas personas obtengan protección en un país seguro y no queden atrapadas en países de tránsito como Marruecos y segundo, una vez que consiguen pasar la frontera, el señor bravo debe de saber que solamente el 70% de las personas originarias de África subsahariana que tratan de cruzar la valla son solicitantes de asilo.

Entonces, ¿por qué esas oficinas no tienen actividad? 

Piense Bravo, que para eso le pagan, pero reflexione y visualice las devoluciones en caliente, puesto que si son devueltos no pueden acudir a estas oficinas, y pregúntate el tiempo que se tarda en dar una solicitud, es curioso que por esto la mayoría prefieran no hacerlo porque se quedan atrapados durante muchos años en nuestra ciudad. También pregúntate si tienen miedo. Es más, infórmate si ellos están informados o si saben que existe este recurso. 

En definitiva, aprende.

Pero claro, ¡qué podemos esperar de quien ha presumido esta semana que el Partido Popular no va a quitar las cuchillas asesinas, es decir, las concertinas!

Nada.