• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Varga, un político sin política

RedFlash

La discusión entre Alí y Varga no debería pasar inadvertida para los ceutíes, pues simboliza el devenir de una oposición enclaustrada en un universo de reproches, muchos de ellos relacionados con la corrupción y otros actos delictivos.

Hizo bien Alí en recordarle a Varga lo que tiene en su casa, una puerta por la que dificilmente pasaría de largo cualquier can de la Benemérita.

La de Alí fue una reacción "normal", pues las constantes inventivas de Varga, diputado por mor y gracia de quien ya se fue, a la condición de investigado de Alí, no venían a cuento, tanto como que tampoco ayudaban al debate político que en esos momentos se estaba dilucidando.

Varga no es político, sino un simple funcionario que encaja perfectamente en esos cuartos oscuros y de paredes tristes. Un político es otra cosa. Varga encarna el perfil de político sin cachet y desnudo de soluciones para los ciudadanos de Ceuta, pues hasta ahora jamás se le ha visto una propuesta de calado que tenga como objetivo mejorar la vida de los ceutíes; antes bien, simples ocurrencias que no hacen sino irritar a la parroquia ceutí, especialmente a los que menos tienen.

Esto último es tan cierto como que en la oficina de su Grupo Político todos los pobres pasan de largo, en busca de las oficinas de Alí y de Fátima. Parar en la puerta de la oficina de Varga resulta impensable para cualquier persona que busca alivio a sus problemas. La de Varga es una puerta que repele y da coces, salvo a los cuatro amigos jubilados y encaramos a los quicios de la extrema derecha que desde allí dictan lo que debe y lo que no debe hacerse.

Alí debería haberle preguntado a Varga por el número de seguidores o de afiliados, así como si tienen sede abierta al público, entre otras cosas, pues hay tres viviendo de sueldo municipal y no se les conoce actividad.

Por otro lado, resulta indecente que Varga ponga en entredicho la honorabilidad de Alí cuando aún no se han pronunciado los tribunales. Una posición, la de Varga, contraria a cualquier fundamento moral, máxime si tenemos en cuenta que en su casa tiene patrimonio suficiente como para enmudecer durante años.