• Domingo, 24 de Septiembre de 2017

La marca de los indeseables

RedFlash

En los años noventa, en uno de los hoteles más conocidos de Tánger, tocaba un excelente pianista venido de Madrid. Era un gran músico, tanto que pronto el hotel conoció mejores momentos. Los actos sociales en el mismo aumentaron considerablemente. Los políticos no perdieron la ocasión para acercarse y hacerse sitio entre tanta gente.

El pianista era el auténtico protagonista de todo aquel movimiento social. Gracias a su música la gente de la ciudad decidió hacer del hotel punto de encuentro para numerosos actos. También los políticos, que no dudaron en mantener en el hotel reuniones de trabajo.

El pianista conoció a una chica marroquí, y pasados unos meses contrajeron matrimonio. Fruto de aquel enlace nacieron varios niños. Todo ello bendecido por las cualidades musicales del pianista, que se granjeó el respeto y el aprecio de todos.

Sin embargo, un buen día la vida del pianista se truncó en segundos, y con él la de su familia y allegados: Un buen día (mal día para el músico), durante una de las muchas reuniones que los políticos mantenían en el hotel, pillaron infraganti al pianista espiándoles.

A partir de ese momento se puso en marcha el procedimiento de la marca de los indeseables, un viejo método de la seguridad marroquí, aplicable a quien traiciona la confianza del país y de sus ciudadanos, consistente en detener, trasladar a cuartel (comisaría), fichar y registrar en todos los controles de entrada y salida del país, para acto seguido trasladar al detenido al aeropuerto o punto de salida más conveniente y ponerlo fuera del país, todo ello en un tiempo nunca superior a dos horas, así como que durante ese tiempo no se le permite despedirse de nadie, así como que tampoco puede recoger ninguna de sus pertenencias, menos aún, realizar llamadas o portar teléfonos. Debe salir con lo puesto. En todo caso, alguna bebida y algún pipí controlado. Es el hierro a fuego que se aplica a quienes entendieron las reglas y no las respetaron.

El pianista fue llevado al aeropuerto y puesto en un avión con destino Madrid. No pudo ni despedirse de su familia.

La expulsión del pianista no es una excepción, pues el procedimiento sigue vigente y tan vivo como hace años.  Para comprobarlo tan solo hace falta dar motivos, y para evitarlo lo mejor es ser como el aire, limpio y transparente; en caso contrario, ni la música te salvará, como tampoco las buenas amistades, aunque sean importantes. Nada detendrá el procedimiento. Seguro que no. La marca ya está puesta.