• Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Imames

RedFlash

La figura del imam en el Islam es de enorme relevancia, pues tiene la responsabilidad, entre otras,  de velar por la serenidad y la paz de los fieles a la hora de practicar su fe.

Una de los espacios en los que mayor protagonismo adquiere la figura del imam es el que tiene que ver con la cohesión social de la comunidad en la que participa. De este modo, el Islam establece que uno de los objetivos que debe perseguir todo imam  es que la comunidad viva en paz y que los nudos de la convivencia sean fuertes y estables en el tiempo, así mediando a fin de evitar disensiones y roces que amenacen tales principios. En definitiva, lo que postula el Islam en estos aspectos es que la cohesión social sea uno de los pilares sobre el que debe fundamentarse la convivencia entre musulmanes, así como entre estos  y los que no lo son, estableciendo los mismos derechos y deberes para unos y para otros.

Los imames, desde sus púlpitos y desde otras plataformas, siempre han jugado un papel preponderante a la hora de fijar principios y métodos de comportamiento, tanto sociales como individuales,  especialmente en aquellas comunidades de provincias o bien donde los niveles culturales y educacionales carecen de fuerza suficiente, tan esenciales en la formación de todo ser humano, sobre todo porque resultan neutros y no suponen imposición ni se constituyen como elemento agresivo para ninguna conciencia, no así los de carácter religioso que, de una forma u otra,  marcan condicionantes de pensamiento y, en consecuencia, de actitud frente a la vida.

Ibn Hazm, en su tratado “Historia crítica de las religiones” (Fisal), bajo el título “Imamato”, resume de forma concisa las aptitudes que todo imam debe poseer para poder ejercer y desarrollar tan elevada responsabilidad. Sin embargo, las cosas casi nunca han ido como preconizaba Ibn Hazm; antes bien, muchos imames tomaron caminos dictados por ellos mismos, estableciendo normas, métodos de interpretación  y formas de comportamiento muchas veces ajenos a los más elementales principios del Islam. Hay que pensar que la falta de formación pedagógica ha jugado siempre un papel fundamental en el devenir de muchos imames.

Hasta hace unos años acceder al imamato era sumamente sencillo, pues bastaba con el plácet de la comunidad.  En Marruecos, país pionero en intentar cuajar el enorme puzzle de los imames, todo eso cambió con la llegada del rey Mohamed VI, quien dejó bien remarcadas las líneas que todo imam debería superar para poder dirigirse a los  fieles. De este modo, los nuevos aspirantes a imam se vieron en la necesidad de superar exámenes de matemáticas, geografía e historia, filosofía, astronomía, etc., el número de suspendidos fue alarmante y vino a destapar lo que durante tantos años había permanecido en silencio y creciendo a su antojo.

La idea del rey consistió  en sacar a los imames de una dimensión que les mantenía atados a métodos y sistemas que nunca les permitieron explorar espacios exteriores y, especialmente, el inicio de relaciones con quienes eran diferentes, indicándoles que no por eso había que conceptuar a los no musulmanes como “contrarios” o  simplemente como “elementos negativos”.

Aquello supuso un punto de inflexión importante, ya que definió los “requisitos imprescindibles” para poder ser imam, así como que ya no bastaba  con el visto bueno de la comunidad, sino que era necesaria una autorización del Ministerio de Asuntos Musulmanes.          Hoy, Marruecos, es el país que más imames exporta al extranjero, todos ellos solicitados por los gobiernos de países que buscan perfiles enraizados en la moderación y con base suficiente a la hora de medir relaciones entre personas diferentes.

La labor que viene desarrollando el Ministerio de Asuntos Musulmanes de Marruecos es digna de elogio, aunque también hay que decir que el objetivo no se ha conseguido en su totalidad, pues aún son muchos los que mantienen “viejas prácticas”, tales como el limitar el bienestar humano y a la salvación ante Dios proponiendo cero relaciones con el que es diferente, incluso exhortando a su segregación de la comunidad.

Los cálculos son impresionantes, ya que en torno a 100.000 personas conforman la nómina del Ministerio, es decir, algo más de la población de Ceuta, todos ellos repartidos por la geografía de Marruecos, así como en muchos países extranjeros.

El imamato siempre ha ejercido de correa de transmisión para predicar mensajes favorables a los gobiernos o bien para fortalecer los vínculos entre el poder y quienes a él se deben, siendo una plataforma mediática de dimensiones colosales.

La idea de que construir una mezquita puede ser motivo para ganar el favor de Dios se ha mantenido fuerte y vive con enorme vitalidad.

 

 

 Si ya construirla es un problema, pues hace falta dinero, más problemas surgen a la hora de abrirla a los fieles, ya que surgen necesidades de mantenimiento y, por supuesto, hacen falta imames, un mínimo de dos: Uno para dirigir las  oraciones diarias, segundo en jerarquía,  y el principal, el que se encarga de la oración del viernes.

Un ejemplo lo tenemos en Ceuta, ciudad en la que  hay más mezquitas que en toda la provincia de Martil, Fnideq y Rincón.

Se construyeron de forma libre e independiente, pero a la hora de la verdad sus promotores tuvieron que acudir al Ministerio de Asuntos Musulmanes para pedir auxilio. Hoy todas las mezquitas de Ceuta funcionan bajo el amparo de Marruecos. Y bien que hizo Marruecos en hacerse cargo, muy a su pesar, como dijo el máximo responsable del Ministerio para la provincia de Tetuán, pues muchas mezquitas ceutíes no cumplen con los requisitos establecidos por el Ministerio, pero peor habría sido dejarlas sin amparo.

Los tristes acontecimientos de Barcelona describen con absoluta crudeza hasta qué punto puede un simple imam manipular la mente y la vida de jóvenes que nunca mostraron violencia hacia quienes les son diferentes a la hora de mostrar su fe, siendo su caso aún más inexplicable, pues allí nacieron y se formaron, así como que llevaban una vida tranquila y sin aparentes presiones económicas.

Hay que buscar explicaciones en esos discursos de odio de tipo pasivo, pero incesantes en el tiempo, verdaderos artífices a la hora de inocular complejos de culpa, sumando a quienes caen en sus redes en auténticos espacios en los que la desorientación es cielo y tierra, así dejándolos hasta que maduran para luego mostrarles salida, la única posible según ellos.

Ahí empieza todo. Es como el cáncer, hay que detectarlo con tiempo, pues en caso contrario surge la metástasis, que para el captado no es otra cosa que la propia liberación bendecida por Dios.

Ceuta no es una excepción, y los datos son esclarecedores,  pues desde siempre el discurso contrario a la razón humana ha permanecido, incluso ha sido premiado con subvenciones y otro tipo de ayudas, que únicamente han servido para  minar la cohesión social entre los propios musulmanes, así como entre estos y los no musulmanes.