• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Ceuta, indiferente al Rif

RedFlash

Ceuta vive indiferente a los acontecimientos del Ri. Nadie se pronuncia sobre lo que está pasando a menos de 350 kilómetros.

Ni los partidos de esencia “musulmana” ni cristiana, como tampoco  aquellos otros sin identidad de ningún tipo, les merece consideración lo que ocurre en Alhucemas, una ciudad que vivió un 20 de julio digno de las mejores crónicas reivindicativas de carácter social de un pueblo que únicamente pide condiciones básicas para vivir dignamente, algo tan elemental como un hospital y colegios, es decir, algo de sanidad y un mínimo de educación, sin olvidar la falta de esperanza en un futuro que desde siempre se vislumbró oscuro como el azabache.

Las detenciones y las condenas rápidas se han convertido en una manera de reducir la  osadía de unas personas que buscan justicia social,  una forma de actuar propia de los años más tenebrosos del régimen que encabezó Hassán II.

Marruecos se muestra impertérrito ante un clamor popular que, lejos de pedir autonomía; menos aún, independencia,  no logra reunir el apoyo en las calles en el resto del país, posiblemente aturdido por las altas condenas impuestas a los manifestantes, todo un símbolo intimidatorio que vive en los subconscientes de los marroquíes. El miedo atenaza cualquier intento de salir a la calle, pues el riesgo no es baladí, ya que lo más normal es que acabes con los huesos rotos y con una condena que, ya por regla general, no baja de los dos años, de ahí para arriba.

El rey,  de vacaciones en Rincón de Mdiq, mantiene un silencio que nadie entiende, salvo quienes le asesoran y cuidan hasta en los más ínfimos detalles. Lo cierto es que el corazón del Rif late apresurado y, sin embargo, quien debe tomarle pulso y concederle calma, calla y se ausenta, como si tal parte del país no participara del resto, como si esa porción de territorio no mereciera las mismas consideraciones que las demás, salvo las de la dureza policial y el desenfreno de unos jueces que dictan  sentencias como churros, sin tener en cuenta que cada una de ellas supone un fracaso social de todo un país y, en consecuencia, de ellos mismos.

Ceuta resulta anodina. Aquí la noticia es lo que diga o haga Vivas. Es la constelación de una ciudad sin identidad propia, sin opinión y sin consideración hacia todo lo que no tenga por protagonista a un presidente que dejará una huella indeleble en su historia,  el hombre que la “encumbró” como ciudad insípida y sin suerte, sin olvidar los índices de pobreza y otros de carácter negativo que la asolan.  Una gran mentira que dura demasiados años.