• Sábado, 17 de Noviembre de 2018

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Ha podido ser la puntilla a ciertos sectores cercanos al separatismo que andan a “palos” con lo que es el artículo 155 y que ahora, desde una parte que no tiene nada que ver con la política, para adornar la acción, cada vez más positiva de ese 155, ahora ha puesto letra al himno, que no la tenía.

Sin querer o queriendo, Marta Sánchez se ha abierto camino entre un gran sector de la población española que, desde tiempos inmemoriales, venía añorando una letra para nuestro himno.

Y no es que la letra sea un dechado de poesía, que tampoco hace falta eso, pero ya el mero hecho de dejar de lado “el chunda tachunda” y aparecer eso del rojo y amarillo de los colores de la bandera, ha satisfecho a muchos cientos y a muchos miles de españoles.

Y ahora “falta la guinda del pastel” y esa guinda habría que ponerla el día que se enfrenten en la final de la copa del Rey el Barcelona y el Sevilla.

Ahí quedaría muy clara la situación con un Sevilla que goza con todo lo que sea juerga y con un Barça al que, oficialmente, lo español no parece atraerle demasiado. Sea como sea aquí Marta Sánchez no deberá tener mucho miedo a los pitos del gentucerío que hace ascos de lo español.

Naturalmente que en el terreno de la”progresía barata” no ha caído muy bien esa letra, en la parte contraría no se ha aplaudido lo que debiera merecerse esa iniciativa, pero en la “gente de bien” los que viven lo suyo cada día se ha valorado y se seguirá valorando un poco más, a medida que transcurra el tiempo, ese gesto de Marta Sánchez.

Oficial o extraoficialmente, en la final de la Copa del Rey, va a estar la música de Marta Sánchez, unos lo van a aplaudir, otros más aborregados lo pitarán un poco más, doble ejercicio de pitos, pero de lo que estamos seguros es de que Puigdemont, el de Waterloo, no lo va a poder pitar, ni podrá aplaudirlo en directo, ni tampoco la otra, esa que se quiere quedar en tierras helvéticas tras pedir asilo allí. No es mal sitio Suiza, pero desde allí tampoco será de los que piten a ese o a otro de los himnos, cuando se interpreten.

Y ya que hemos citado a los dos prófugos, bien han sabido buscar sitios cómodos, el uno para prolongar los 100 días del imperio que no pudo continuar Napoleón y la otra “al olor” de la pasta y de la banca helvética.

Lo bueno y digno es que la una y el otro se hubieran asentado en algún país subsahariano, en vez de ir en busca del paraíso de la economía en Europa.

El otoño nos entretuvo con las “pachangas” catalanas, el invierno le ha dado prolongación al sainete y esperemos que la primavera se lleve a aquellos que lo merecen a esa sombra de Estremera o a cualquiera de las cárceles castellanas, por ejemplo.

En un sitio y en otro, “los separatas” podrían oír el himno de Marta Sánchez.