• Miércoles, 20 de Junio de 2018

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Era lo esperado. Había jugado fuerte y perdió, porque el envite a romper la unidad de España no podía pasar “en plan de chiste”.

Y no me alegro, en absoluto, de que Junqueras siga en su justo sitio, en la cárcel, me alegro de que se haya dejado engañar por alguien que parecía el “hazme reír” de Chiquito de la Calzada y él,  Junqueras, esté encarcelado, desde hace dos meses, mientras que el otro, Puigdemont, está y seguirá estando de paseo por Bélgica.

Esta situación, con uno en la cárcel y el otro fugado de la justicia, nos deja en claro lo que eran, son y pretenderán seguir siendo, todos aquellos que se “relamían” con una posible secesión de Cataluña, del resto de España.

¿Y ahora qué?. Es la pregunta que se hace media España, incluida en ella, también, Cataluña. Uno no sabe si es que los componentes del separatismo catalán tienen claro a donde van y qué es lo que pretenden.

Visto a lo lejos y creo que igualmente visto desde más cerca, la corriente independentista no sabe por donde tirar, están liados y las falsas promesas les han ido obnubilando por completo.

Todavía, y eso no sé si tiene nombre, siguen queriendo jugar con unas cartas marcadas, pensando que se puede presidir un territorio, a distancia, y con un teléfono móvil en la mano. Es una auténtica gilipollez de la que o no saben, o no quieren salir, por miedo a que llegue algo, incluso, más duro.

Lo más curioso de todo y esto ya les pone, en su justo sitio a los secesionistas, es que, todavía, algunos de ellos creen que Puigdemont puede ser el líder que les lleve a la independencia de Cataluña. Estamos aquí en una situación similar al caso de Satán increpando al pecado.

El mano a mano es incomprensible, por cuanto entre huidos y encarcelados las perspectivas políticas de Cataluña se han hecho un verdadero lío del que no hay líder, entre ambas partes, que aporte el más claro indicio de seriedad.

Puigdemont, que ha adquirido una fama inexplicable, y ERC tratan de cuadrar el círculo, y además se creen que lo podrán hacer, porque hay muchos votantes que les siguen creyendo, también.

Esto, si somos sinceros, es un sainete, pero un sainete tan burdo que puede terminar en tragedia, si la razón no se impone a esos “titiriteros” que encabezan la política de Cataluña, o si los votantes a Puigdemont y a ERC no llegan a comprender que la milonga que vienen manejando, desde Arturo Mas, con él era una payasada y ahora no tiene ni esa categoría.

Pronto se van a volver a abrir las puertas del Parlamento de Cataluña y lo que sería deseable ya es que, por fin, alguien en la Comunidad Autonómica de Cataluña se decidiera a buscar una solución auténtica y duradera para estas tierras.

La solución no debiera ser complicada, pero si miramos a la “cresta de la ola” y vemos a los Junqueras, Puigdemont y, en la retaguardia, a un Rufián cualquiera, ya con esta sola mirada tendremos que decir:”no hay camino que lleve a una solución definitiva”.

Afortunadamente, con una constitución seria y con un poder judicial que sabe el terreno que pisa, los políticos de pacotilla, los alpargateros de la secesión, no van a pasar de donde están y, naturalmente, con Junqueras que seguirá en su sitio.