• Miércoles, 23 de Mayo de 2018

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Fue un hombre del fútbol y lo vivió, durante toda su vida, además fue un hombre bueno,  dispuesto a colaborar con todo y con todos.

Yo lo conocí cuando él ya había dejado de jugar, pero seguía ahí, al pie del cañón, como masajista (que es como se llamaba entonces esa función), como ayudante del entrenador, como primer responsable del equipo, en muchos momentos, y siempre igual, sencillo, dedicado a su trabajo y sin meterse con nadie.

He conocido a muchos entrenadores del Ceuta, con los que colaboró de cerca Eduardo Ayala y a ninguno de ellos le oí algún reproche: Quimet Carreras, Jaco Zafrani, Poli, Enrique Alés, Fuentes, Manolo de la Torre y otros más. Con todos cumplió, nada malo podía decir de él ninguno de todos ellos. No es extraño, porque Ayala era un hombre de bien, de los que se dedicaba a trabajar y no a hablar. Por eso nunca tuvo enemigos y la mejor visión que se puede dar de él es, a través de las decenas y docenas de jugadores que han coincidido con Ayala: Pepe Almagro, el capitán de aquel Ceuta de los 70-80, Guillermo Cherino, Luis, Juanma, Serrán, Aramburu y un largo etc.

Con Ayala se nos ha ido el recuerdo del mejor Ceuta que yo conocí aquí, desde 1978, en el que al lado de veteranos como Aramburu o Machete estaban jóvenes como Lolo, Kubalita, Lima, Luque... y todos ellos, siempre, tratando de gastarle alguna broma, que él aceptaba con sumo agrado, porque esta virtud iba siempre implícita en Eduardo Ayala.

Ahora, cuando el fútbol aquí en Ceuta, parece que ha vuelto a coger el camino de colocarse en una categoría superior, no me cabe la menor duda de que, desde “las alturas”, desde donde él esté, que será un buen sitio, empujará cada día un poco más para que el Ceuta de hoy vuelva a ser aquel A.D. Ceuta, de junio de 1980 que es cuando ascendió la Agrupación a segunda A.

En los muchos años que llevo ya en Ceuta, más de 40, dudo mucho que me haya encontrado con nadie más cabal y buena gente que Eduardo Ayala, del que me enorgullezco de haber sido amigo, de verdad, y él de mí, sin que ninguno de los dos necesitáramos nada para forjar o aquilatar tal amistad. Tuve, pues, una amistad profunda y sincera, lo que hace que hoy, desde el momento que me enteré de su fallecimiento, se me haya puesto el cuerpo casi enfermizo.

Ahora, creo que con tantos méritos como el que más, sería lo más correcto que a un homenaje, sencillo pero sincero, se le hiciera un homenaje, y si su nombre quedara plasmado en algún lugar  del deporte, mejor que mejor. La Federación de Fútbol de Ceuta y otros organismos oficiales del deporte tendrán la última palabra.

Esta fecha no me va a ser grata, para el futuro, porque en ella perdí a un amigo de verdad. No te olvidaremos Ayala, estate seguro de ello.