• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Es lo que nunca hubiera querido decir, ni escribir yo, sobre la ronda francesa que he seguido, desde hace sesenta años, con los medios que hubo entonces y con los que hay, desde hace ya más de treinta.

El Tour era el atractivo del deporte, en el mes de julio, en el que salían a la escena muchos franceses, con posibilidades de ganar, algunos holandeses y junto a ellos los españoles Julio Jiménez y Bahamontes, además de algún otro que cada año hacía la escapada de la temporada, como podía ser Fernando Manzaneque.

Desde aquellos años hemos pasado por fases muy diferentes y a Jacques Anquetil, el estilo en la bicicleta, siguió Edy Mercx que, si bien es cierto que, en principio, no tenía rival, luego la aparición del español Ocaña le trajo muchos dolores de cabeza, porque el conquense Ocaña era un fuera de serie que podría haber ganado muchas más pruebas de las muchas que logró, por méritos propios.

A partir de aquí llegaron los años en los que España mandaba en el Tour de Francia, primero con Pedro Delgado y luego con Indurain  junto a otros buenos corredores que nos animaban las calurosas tardes del mes de julio con sus victorias o con sus “mano a mano” frente a los mejores.

Eran los Tours de lujo, casi siempre con victorias españolas, pero con unos trazados que no dejaban lugar al aburrimiento.

Ahora, en el comienzo del Tour de 2017, la situación ha empezado siendo diferente. La salida desde Dusseldorf tuvo la mala suerte de la lluvia y con ella Valverde, en menos de diez kilómetros, decía adiós por una caída. Mala suerte y España que perdía a uno de los que se iba a dejar ver.

Las otras tres etapas, hasta la cuarta, han sido un auténtico tostón, con buen paso, todos juntitos una escapada permitida durante muchos kilómetros, sin que hubiera nunca una ventaja peligrosa y, al final, todos juntos, con una, dos y hasta tres caídas, antes de llegar a la línea de meta.

De seguir así, creo que los seguidores en la TV irán disminuyendo, porque esas tácticas, esos marcajes, ese no dar la cara, o esas medidas milimétricas serán buenas para la firma que logre la victoria, pero aburre a las ovejas y no despierta emoción ni interés.

Me supongo que a tanta etapa llana seguirá alguna con montaña seria, Tourmalet, Romeyere, Gran San Bernardo, el duro Macizo Central Francés, Pirineos y Alpes, para que las cosas vuelvan a ser como siempre fueron,  porque todo lo que no sea un cara a cara, entre los espadas de la ronda es perder el tiempo e infravalorar a ganadores del Tour por 20 segundos logrados en una etapa contra el crono.

Y las cosas son así, un Charly Gaul, un Riviere, aunque no ganó ningún Tour, un Bahamontes o un Pulidor que no sé si llegó a vestirse de amarillo algún día, han dado más prestigio a la ronda francesa que todas estas victorias de los últimos años, en las que predominaron las tácticas, el marcaje y poco más.

Es cierto que el Tour sigue siendo duro, pero no menos cierto es que cada día aburre más y eliminar ese aburrimiento está más que en las marcas de los propios equipos, en los trazados en los que se puede y se tiene que hacer la criba cada día.

Hoy no hay criba, hoy nadie lograría una ventaja suficiente como para arriba del monte, en cualquiera de ellos, “tomarse un helado”. Aquellos eran otros tiempos y el Tour era otro.