• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Lo de menos es la fecha, porque a tres meses vista, o el Gobierno de la Nación cierra los ojos y deja hacer, o si sigue todas las normas legales y constitucionales eso no se llegará a dar.

Y no puede llegar porque, entre los propios independentistas, hay más que problemas ya, y el último ejemplo lo hemos tenido hace cuatro o cinco días, cuando el “cantamañanas”  de Puigdemont, presidente de la Generalidad, destituía de forma fulminante a Jordi Baiget, consejero del Gobierno de Cataluña.

Aquí, lo que se ve un poco más cada día es que se está en eso de “amagar para no dar” y, especialmente, buscando presiones fuertes del Gobierno de España para irse haciendo los mártires, aquellos que sean tocados de ala.

En estos momentos, en Cataluña, el auténtico “tonto del pueblo” es Carlos Puigdemont, un presidente que muy poco más va a tener que hacer en política y que constantemente está “parloteando” sobre libertades, derechos y toda esa retahíla de palabras huecas que tanto se dan hoy en el mundo de la política española y muy especialmente en Cataluña.

La falta de entendimiento entre los “separatas” es grande, porque grandes son las diferencias existentes entre la CUP, PDeCAT y no digamos Ezquerra Republicana.

La expulsión o el cese de Baiget no es casual y no lo es porque en el Gobierno de Cataluña hay más que piensan como él, pero es que no todos esos pertenecen a ese grupo que capitaneaba Arturo Mas y ahí es donde está la cuestión.

Puigdemont va por un lado, Arturo Mas dejó un embolado tremendo, la CUP mira, según qué días y según lo que interesa en una parte o en otra y Junqueras será el que esté siempre en contra de lo que se esté llevando a cabo.

Vistas así las cosas, la consulta secesionista del 1 de octubre se va a caer por sí sola y ahora mismo ya, cuando no hemos llegado al 10 de julio, lo podemos considerar como un monstruo malherido y con los pies de barro, que cada día se resquebraja más.

Este resquebrajamiento viene acrecentándose por un síntoma inequívoco de falta de confianza en el proyecto que ha ido creciendo, no madurando, artificialmente y con las mismas dificultades que el primer día.

De momento, unos dan la cara pero ocultándose entre bambalinas, en tanto que otros se van escondiendo cada vez más para así poder seguir “en el machito” una vez que haya pasado ese 1 de octubre y los aires esos de grandeza no hayan dado sus frutos pero empiecen a buscar otras sendas similares.

Llegados a este punto, lo que queda más claro es que el asunto de Cataluña es “fastidiar por fastidiar”, dar guerra y seguir molestando, con lo que allí unos cuantos puedan seguir en la cresta de la ola, aunque sin efectividad alguna.