• Viernes, 20 de Octubre de 2017

El esquinazo. Por Jesús Carretero

Cada día estoy más convencido de que el mundo político español, de nuestros días, lo conforman un grupo de garrulos que, cuando menos, debieran haber aprendido el “a-b-c” de lo que es la política, en la sociedad de hoy.

Y aquí no estoy entrando en unas siglas determinadas aisladamente, de los recientes o de los de casi siempre, estoy en ese desplante que se acaba de hacer, días pasados, al rey emérito, Juan Carlos I, en el homenaje a la transición política, posterior a la muerte del general Franco.

Y si los políticos no andan demasiado finos en el saber estar, en este caso la propia Casa Real parece que estuvo “a cerezas”.

Y es que, por derecho propio, en esa transición democrática, que se ha prolongado hasta nuestros días, tuvo un hacer de primera magnitud, el entonces joven rey, Juan Carlos I, con lo que no sé en qué se habrá basado el protocolo del acto para haber dejado fuera de ese homenaje al rey, que lo era de todos los españoles, fueran del credo que fueran.

En el asunto, ha habido muy poca división de opiniones, y si bien es cierto que hay por ahí cierto grupejo que va siempre contra corriente , en todo lo que es el orden establecido, fuera de ese grupejo de “canta mañanas”,la opinión de la mayoría de españoles es que ha habido un error que no tiene justificación alguna.

Nadie debería olvidar que, en su momento, Juan Carlos I, en vez de nombrar a Adolfo Suárez presidente del Gobierno, para llevar a cabo todos los preparativos de unas elecciones, para luego establecer una nueva Constitución y todo lo que se fue dando, podría haber nombrado, que los había, a seguidores acérrimos del pasado régimen, con lo que los resultados y el desarrollo de la sociedad, Dios sabe, sólo él lo sabe, cuales hubieran sido.

Esto, por ser uno de los puntos clave, no parece que haya tenido gran peso en el protocolo del Congreso, con lo que esa negligencia, ese no saber estar en su sitio, nos ha vuelto a demostrar que aquí, no sólo los “pita flautas” de turno desprecian lo que ha sido la transición, sino todos los demás, cada uno de ellos con su parte proporcional. En definitiva, son unos memos, unos aprovechados y unos detractores de aquellos que actuaron y actuaron bien, en un momento más complicado de lo que la mayoría piensan ahora.

Uno, al ver entre los invitados a Felipe González, a Guerra o a algunos otros que jugaron muy bien sus bazas, en aquellas circunstancias, tiene que agradecer lo que estos supieron hacer y debe aplaudir que se les tenga en el recuerdo, por lo que significan en la España de hoy. Su presencia en actos de este tipo es un verdadero lujo para nuestro país, pero claro cuando ves que “Su Majestad” el rey Juan Carlos I no tiene sitio en ese grupo de personas tienes que pensar, en primer lugar que se ha traicionado al Jefe del Estado, que lo fue, durante muchos años y con una reputación, al menos fuera, de matrícula de honor.

Y que ahora no nos hablen de ciertas aventuras de caza o de faldas, en un momento determinado. Eso es la disculpa que sólo tiene cabida en la mente de los “gilipollas”, porque a nadie le cabe la menor duda de que más de uno y más de una docena de sus señorías, de los de entonces y de los de ahora, se habrán corrido una o una docena de fiestas y no por eso los vamos a mandar a su casa para siempre, especialmente si tienen algún tipo de méritos en sus acciones.

Juan Carlos I, como Borbón, puede haber resbalado en esas circunstancias, alguna o varias veces, pero él, más que nadie, como representante, el primero de todos, de España abrió docenas de puertas que a toda la casta política se les habían cerrado.

Cero patatero a los directores del protocolo en el homenaje a la transición.